Casas guardadas en cajas

Cano Lasso

Dentro de un tubo de cartón cabe todo un bloque de viviendas. Y no uno cualquiera. En las casas de la calle de la Basílica Julio Cano Lasso quiso recuperar, a principios de los setenta, el buen hacer de la arquitectura racionalista de los primeros años treinta. Son pura contención en ladrillo. Unas casas económicas hechas con oficio, equilibrio, sencillez y funcionalidad desnuda en la que lasbay windows (miradores poligonales) marcan el ritmo geométrico. Dentro del tubo hay decenas de planos y bocetos de ellas. “Había más, pero se han ido perdiendo…”, suspira Diego Cano Lasso, uno de los ocho hijos que tuvo el arquitecto. Cuatro eligieron la misma profesión, quizá por ello han conservado con mimo el archivo del padre; un centenar de proyectos, la mitad construidos, que se almacenan en tubos de cartón naranja, en una cajonera y en un sin fín de cajas repartidas por el estudio familiar. El hijo del arquitecto desenrolla con cuidado el contenido del tubo: hay desde bocetos a mano alzada sobre folios llenos de notas hasta limpísimos planos técnicos pasados a tinta sobre quebradizo papel vegetal. De una caja conservada en un cuarto que hace doblete como “archivo muerto” y bodega de vino sale una colección de fotos en blanco y negro de la obra recién acabada. “Cada tanto tiempo nos llama alguien que está investigando la obra de mi padre y es un latazo tener que ponerse a desempolvar”, dice Cano Lasso. “Lo ideal sería tenerlo todo digitalizado, pero es demasiado trabajo y demasiado dinero”. Así que, como tantos otros archivos de arquitectos españoles, el de Cano Lasso permanece disperso en cajas y tubos, conservado solo gracias al interés y el esfuerzo de la familia.

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