Lavapiés, Julio-Agosto, 2014

Laguillo

Exposición de Manolo Laguillo
Madrid, 11/09-01/11

Galería La casa sin fin
Calle Dr. Fourquet 11, Madrid

 

La periferia en el centro

Esta exposición lleva por título una fecha y una ubicación precisas (el barrio madrileño de Lavapiés durante este último verano) porque cualquiera de las fotografías expuestas podría llevar a otro lugar. Y a otro tiempo. Las imágenes se escapan. Su autor, Manolo Laguillo, las hace escapar. ¿Qué quiere eso decir? ¿Qué del fotógrafo y qué del lugar retratado?

Corrían los últimos años setenta cuando Laguillo, que había montado un cuarto oscuro en casa tras acabar filosofía en la universidad, comenzó a salir, en compañía de Humberto Rivas, a recorrer Barcelona, la ciudad en la que vivían, para plantarse en la periferia, en los suburbios, “con su tristeza de cosa mal acabada”, como escribió Laforet. Allí encontraban paradojas, es decir: misterios y explicaciones. El extrarradio era otro mundo, era en realidad el mundo. Y ofrecía el retrato más realista que se puede hacer de una ciudad: el de su construcción y su contradicción, el de su ambigüedad. Así, fue en esos vecindarios, entre deshechos y por hacer, donde Laguillo construyó una mirada capaz de poner en valor argumentos donde otros nos hartamos de ver siempre lo mismo.

Ha sido esa mirada, que desnuda unas veces, denuncia otras, estetizante en ocasiones y piadosa muchas más, la que ha mantenido a Laguilloartísticamente vivo a lo largo de todos estos años. Sus trabajos de documentalismo urbano retratan, en realidad, elipsis: plasman lo que no está. Hablan de una ciudad más por definir que por evocar, de una historia interrumpida por algo que, cuando apareció, no amenazaba con ser relevante. Describen a la vez una espera y una costumbre, un lugar por completar.

Esta “percepción de lo invisible de la arquitectura” la ha explicado él como algo que puede realizarse metódicamente, con receta, una posibilidad que depende de cómo se relaciona y se compara, de jugar con la escala y la distancia y, en última instancia, de “eliminar opacidades creando transparencias donde estas no existen”. Esas densidades de la luz (heredadas del Sistema de Zonas de Ansel Adams) con las que Laguillo investiga se sirven de la mentira para ayudar a la verdad. Controlando el tono fotográfico, buscan atrapar a la vez lo que hay y lo que falta.

En Lavapiés, el antiguo edificio de la Tabacalera asoma tras una tapia envuelta en graffiti, son muchas las medianeras que llevan años esperando un inmueble vecino que les cubra la precariedad, las verjas delatan nuevos usos, nuevos miedos y decisiones políticas, pero también hay un chaflán que reclama, como apuntó Jorge Ribalta, una segunda oportunidad. Es esa pequeña historia de lo posible (es decir, de lo infinito) la que le interesa a Laguillo. La de la ciudad reconsiderada a pedazos, la de una mirada ordenada fuera del orden establecido, contrapuesta a los tópicos, es decir, alejada de manías, costumbres y prejuicios.

Esa es la razón por la que estas imágenes escapan al tiempo. Y también al lugar. Un lugar como Lavapiés se puede retratar a partir de sus nuevos vecinos inmigrantes o desde sus antiguos habitantes castizos. Sin embargo, resulta incompleto con ambos y más certero (porque evita quedarse en lo anecdótico) sin gente. Fiel a su manera precisa de buscar la imprecisión, esta serie de fotografías habla de un barrio cambiante y, a la vez, de unas calles por las que no parece pasar el tiempo. A veces, lo hace desde una misma imagen.

Como escenario y como síntoma, este trabajo de Laguillo anuncia que el centro de tantas urbes es hoy la antigua periferia inconclusa, en perenne transformación, con un orden que se resiste a cualquier ordenación urbanística y con la verdad de lo imperfecto. Esa urbe ina­cabada que él comenzó retratando con Rivas en el extrarradio está ahora en el centro. Y puede estar en cualquier ciudad. Habla a la vez de principio y de fin, de permanencia y de transformación, de pérdida y de oportunidad.

Así, fuera de lugar, al margen del tiempo, Laguillo fotografía Lavapiés en su serena capacidad de ser una cosa y la contraria a la vez. Y en su terrible verdad de poder más que sus habitantes.

Anatxu Zabalbeascoa

 

Más información:
Galería La casa sin fin
Del tirador a la ciudad

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